La Comunidad incluida en el proceso arquitectónico. Apuntes sobre el trabajo de Alejandro Aravena, premio Pritzker de Arquitectura 2016

Por José María Romero, Dr Arquitecto

Pocas veces un premio puede ir más a contracorriente de la línea oficial de la arquitectura. Sobre todo si lo situamos dentro del (neo)conservadurismo de la arquitectura de los últimos 40 años. En las últimas décadas, la arquitectura se ha dedicado, en el mejor de los casos, a mirarse a sí misma al ombligo de su disciplina; y en el peor de ellos, a aliarse con el poder del dinero y extender sin límites sus construcciones por todo el planeta (tanto en extensión horizontal, como en vertical con los rascacielos).

Si hacer obra nueva era la meta de cualquier arquitecto que se preciara (por prestigio y/o por negocio), y cuanto más llamativa y ostentosa mejor, este premio Pritzker del 2016 parece que premia lo contrario. O por lo menos, gira la dirección del punto de vista principal y lo enfoca directamente hacia cosas que antes eran vistas como humildes y prosaicas: el proceso, la comunidad y la cuestión medioambiental.

Alejandro Aravena no se considera un artista, sino un profesional que resuelve problemas existentes reales con sus colaboradores; de hecho dice expresamente que le aburre el discurso  autorreferencial de los propios arquitectos.

Los problemas que se plantea son:

En Iquique: ¿Cómo ofrecer a gente que vive en precario y no se puede construir su vivienda de una vez, un proyecto que permita acompasar la casa a la vida de sus ocupantes y sus limitadas posibilidades económicas?

En el Centro de Investigación Angelini: ¿Cómo hacer que un edificio de trabajo consuma la menor energía posible y su metabolismo arquitectónico reduzca las emisiones de CO2 mejorando sus condiciones de habitabilidad?

En Constitución: ¿Cómo plantear un proyecto urbano en donde la comunidad afectada pueda decidir, y se remedien problemas de verdad como reducir los riesgos de las inundaciones de un río o los efectos de un maremoto?

Figura 1.
Figura 1. Ideas de proyecto para viviendas en Iquique, Centro de Innovación Angelini, y bosque urbano de ribera en Constitución (Chile). (Aravena, 2014) (obtenido de vídeo TED ¿Mi filosofía arquitectónica? Incluir a la comunidad en el proceso)

 

Las soluciones que propone son:

– Para las casas de Iquique: en el primer lugar, por motivos de economía, del conjunto de viviendas se proyectan la cimentación, la estructura, la cubierta y las instalaciones principales, es decir, aquellos capítulos necesarios que requieren de más especialización y que están subvencionados. Así se dejan las viviendas con el 50% de su superficie, pero dispuestas para ser ocupadas. Al mismo tiempo, se reserva espacio y volumen para que cada casa pueda evolucionar en el tiempo, ampliándose según las posibilidades y necesidades de sus habitantes hasta el tamaño de una casa de clase media normal: hasta el doble (ver esquema 1º en figura 1).

De esta propuesta llama la atención la presencia de la gente en la explicación del proyecto[1], y su estado actual, que ha adquirido en muy poco tiempo la “naturalidad” y calidez de cualquier barrio popular autoconstruido (figura 2), pero ahora con completas garantías de habitabilidad.

Figura 2.
Figura 2. Sreet view (2015). Fuente: Google Maps.

 

– Para el Centro de Investigación Angelini: el espacio interior se protege del exterior con una fachada gruesa para crear un ambiente común de trabajo bien aislado. La estructura y los elementos constructivos principales se colocan en el borde, a diferencia de lo habitual en los edificios de oficinas acristalados de abajo a arriba, cuyas fachadas son indiferentes al lugar y a la orientación, y por ello son gravemente afectados por la radiación solar en verano, o a la pérdida de calor en invierno (ver esquema 2º en figura 1). Gracias a ello se reduce ampliamente la emisión de CO2 en el uso del edificio (figura 3).

Figura 3.
Figura 3. Centro de Innovación Angelini (Chile). (obtenido de vídeo TED ¿Mi filosofía arquitectónica? Incluir a la comunidad en el proceso).

 

– Para la ciudad de Constitución: se propone a la comunidad de vecinos un bosque urbano de ribera que protege de las inundaciones y de los efectos más importantes de un posible maremoto (ver esquema 3º en figura 1). Además de conseguir el presupuesto necesario después de estudiar las inversiones de tres organismos oficiales que sin coordinación iban a invertir en la misma zona, y de unirlos para el mismo proyecto (figura 4).

Figura 4.
Figura 4. Bosque urbano de ribera en Constitución (Chile). (obtenido de vídeo TED ¿Mi filosofía arquitectónica? Incluir a la comunidad en el proceso).

 

Conclusiones

La actitud con que se abordan los tres proyectos que se muestran no parten de “hacer un proyecto y una obra”, sino de solucionar tres problemas concretos que tienen que ver con la vida de la gente y las cosas, y en los que la arquitectura tiene mucho que proponer. Esta actitud, que parte de la comunidad en primer lugar, nos recuerda también que arquitectos tan influyentes como Brunelleschi, Alberti, Miguel Ángel, Rafael o Bramante nunca construyeron un proyecto suyo, sino que completaron obras de otros, y solucionaron o continuaron procesos arquitectónicos y urbanos.

 

Notas:
[1] Para entender mejor el proceso seguido con la comunidad en el Proyecto Quinta Monroy en Iquique se recomienda ver el vídeo.
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